La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo marcó un posicionamiento claro en política exterior al declinar la invitación del presidente Donald Trump para que México integre formalmente la Junta de Paz sobre Gaza. En su conferencia matutina del 18 de febrero de 2026, Sheinbaum explicó que el mecanismo escatima a Palestina el rango de Estado pleno, excluyendo a una de las partes clave en el conflicto, lo que contraviene principios mexicanos de paz inclusiva y reconocimiento al Estado palestino. En su lugar, el país participará como observador a través del embajador ante la ONU, Héctor Vasconcelos, manteniendo una presencia sin compromisos directivos.

Este rechazo no es aislado: llega en un contexto de renovada tensión bilateral bajo el segundo mandato de Trump, caracterizado por políticas disruptivas en comercio, migración y multilateralismo. México comparte la frontera más dinámica del mundo con la potencia que, según informes como el de Múnich 2026, impulsa la “demolición del orden multilateral”. La decisión evita alinearse con un esquema percibido como parcial, preservando la tradición de no intervención y equidad en conflictos de Oriente Medio, alineada con el reconocimiento histórico de Palestina por México.

Antecedentes clave incluyen la postura consistente de la 4T en foros internacionales: desde la abstención en resoluciones sesgadas hasta el apoyo a soluciones de dos Estados. La Junta de Paz, promovida por Trump desde Davos y con participación limitada, ha sido criticada por omitir voces palestinas formales, lo que para analistas representa un enfoque transaccional más que equilibrado.

Sheinbaum declaró: “México siempre ha defendido la paz con justicia y la inclusión de todas las partes; no podemos avalar mecanismos que excluyan a una de ellas”. Fuentes diplomáticas cercanas señalan que esta línea evita fricciones innecesarias con aliados del Sur Global, mientras observa el desempeño de la iniciativa.

Posibles consecuencias son múltiples. En lo bilateral, podría generar fricciones adicionales con Washington, ya tensas por migración y revisión del T-MEC en 2026. Trump ha usado presión económica como herramienta; un distanciamiento en temas simbólicos como Gaza podría escalar a retaliaciones comerciales sutiles. Sin embargo, fortalece la imagen de México como actor autónomo y principista en la ONU y la CELAC.

En el mediano plazo, esta cautela diplomática posiciona a México como puente entre Norteamérica y el Sur Global, especialmente ante la incertidumbre multilateral. Analistas prevén que, si la Junta fracasa por falta de legitimidad, la postura mexicana ganará peso retrospectivo. En cambio, un éxito parcial podría obligar a reevaluaciones, aunque el rol de observador permite flexibilidad.

En síntesis, la decisión de Sheinbaum no solo defiende coherencia ideológica, sino que navega astutamente un tablero geopolítico volátil. En tiempos de polarización global, priorizar principios sobre alineamientos inmediatos podría resultar la apuesta más estratégica para un país vecino de la superpotencia disruptiva. El impacto se medirá en los próximos meses, pero hoy refuerza la voz mexicana en un mundo que exige equilibrios cada vez más precarios.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *