En una elección que marca un viraje drástico en el panorama sudamericano, José Antonio Kast, el candidato ultraconservador, se impuso en la segunda vuelta presidencial chilena con promesas de mano dura contra el crimen y la inmigración irregular. Este resultado, celebrado por figuras como Marco Rubio en EU, refleja un rechazo al progresismo de Boric y un eco de narrativas populistas globales.
El desarrollo de esta noticia se enraíza en un Chile polarizado tras el estallido social de 2019 y el fallido proceso constituyente. Kast, fundador del Partido Republicano, capitalizó el descontento por el aumento de la delincuencia –que creció un 45% en los últimos años según datos del gobierno– y la llegada de migrantes venezolanos, que suman más de 1.5 millones en el país. Sus antecedentes incluyen admiración por el régimen de Pinochet, lo que ha generado alarmas entre defensores de derechos humanos. Actores clave incluyen a la oposición de izquierda, como el Partido Comunista, que denuncia un retroceso democrático, y aliados internacionales como Trump, quien ve en Kast un socio para agendas antiinmigrantes. Antecedentes relevantes remontan a la elección de 2021, donde Kast perdió ante Boric, pero ahora, con un 55% de los votos, invierte la tendencia.
Datos reveladores muestran que el triunfo se dio en regiones rurales y sureñas, donde el desempleo ronda el 9% y la percepción de inseguridad es alta. Posibles consecuencias incluyen reformas a la Constitución de 1980 para endurecer penas, deportaciones masivas y un acercamiento a EU en materia de seguridad. Económicamente, Chile –miembro de la OCDE y con un PIB per cápita de unos 15,000 dólares– podría ver impactos en sus exportaciones de cobre y litio si Kast prioriza alianzas conservadoras sobre tratados progresistas como el CPTPP.
Citas de líderes ilustran la polarización. Kast declaró: “Chile ha elegido la libertad y el orden; no más caos importado”, en su discurso de victoria. Por su parte, el analista Mahmood Mamdani, en un reciente ensayo, advierte: “Figuras como Kast representan un trumpismo adaptado a Latinoamérica, donde el miedo al ‘otro’ impulsa autoritarismos velados”. Desde México, la presidenta Sheinbaum comentó en redes: “Respetamos la voluntad chilena, pero vigilaremos el respeto a derechos humanos en la región”. Analistas como María Corina Machado, Nobel de la Paz 2025, agregan: “Este giro podría contagiar a vecinos, debilitando bloques como la CELAC”.
En cierre, este hecho influirá en el corto plazo con posibles tensiones diplomáticas en foros como la OEA, donde Chile podría alinearse con posturas duras contra Venezuela o Cuba. A mediano plazo, podría reconfigurar la geopolítica latinoamericana, urgiendo a México a fortalecer alianzas progresistas para contrarrestar olas conservadoras. Si Kast implementa su agenda, el equilibrio regional –ya frágil por crisis en Argentina y Brasil– podría inclinarse hacia un conservadurismo que priorice seguridad sobre inclusión, afectando flujos migratorios y comercio intrarregional. En un mundo interconectado, este triunfo no es solo chileno: es un recordatorio de cómo el populismo resurge en tiempos de incertidumbre, desafiando a democracias a reinventarse.

